El libro del las Criaturas - CAPÍTULO I
Conoce como la diosa Ori, apodada por los humanos como la Criatura de la Inocencia, dio origen a la evolución.
LIBRO DE LAS CRIATURASCUENTOS
Alfonso Hernández González
4/9/20263 min read


Como todos los dioses, Ori ha existido desde tiempos inmemoriables. Sin embargo, no ha estado desde el comienzo del tiempo. Su nacimiento se remonta al siglo Cero, cuando el Dios Supremo Omm se dividió en 6 partes para poder crear el mundo con mayor rapidez y foco en cada tarea, para crear el universo tal y como lo tenía en su mente.
Así, desapareció Omm tal y como se conocía para siempre, y nacieron 6 criaturas o dioses esenciales, que definirían cómo sería el ser humano tal y como lo conocemos: su identidad como ser, sus emociones, su historia... Estas fueron:
Ori: la criatura de la Inocencia.
Kera: la criatura de la Creatividad.
Roko: la criatura de la Razón.
Ou: la criatura de la Soledad.
Gut: la criatura de la Búsqueda.
Mia: la criatura de la Verdad.
Cada una, por su lado, fue formando la esencia del alma de todo ser viviente. Pero en este primer capítulo hablaremos en concreto de la primera de ellas mencionada.
Ori definió las reglas por las que se formarían las distintas personalidades de las personas, también llamado alma. Fue el primero en hacer su tarea y marcó las bases de lo que harían los siguientes dioses.
Lo tenía muy difícil, pues quería crear un sistema que se retroalimentara a sí mismo, pero que hubiera sentido y coherencia interna. Ori, además, no quería saber el destino de su mundo, pues veía el devenir de este como una historia de la que no quería saber su desenlace. Por último, quería que este siempre tendiera a la eficiencia filosófica y material.
Lo pensó mucho. Estuvo siglos pensando en cada posibilidad, en cómo podía afectar cada valor a su sistema. Pero al final, llegó a una conclusión.
Los principios del sistema serían la bondad y la mentalidad abierta como base para todos los seres.
Así pues, hizo que cada ser vivo nuevo, al nacer, fuera un lienzo totalmente en blanco, cuya identidad se iría forjando en relación con los demás. Además, cada nuevo ser sería bueno al nacer y aceptaría todo su entorno con alegría y entusiasmo, estando predispuesto a adoptar y aceptar nuevas formas de ser.
Pero esta predisposición solo duraría durante las primeras etapas de cada uno. Esto sería así porque Ori creía en el poder de la identidad y la personalidad como motor para la estabilidad del universo, así como para incentivar el cambio y el progreso y dar un sentido existencial a su creación.
Su razonamiento era el siguiente: quería que, llegado a cierto punto, cada ser fuera un individuo con la capacidad, consciencia y voluntad de modelar el mundo a su imagen y semejanza. Este sería el sentido existencial de cada uno: aportar su ser al universo para transformarlo y hacerlo cada vez mejor.
De esta forma, de forma "automatizada", se crearía un mundo completamente dinámico, a la par que cíclico e infinito. El bucle era perfecto: los nuevos seres aprenderían de los antiguos, pero cuando fueran lo suficientemente mayores, serían ellos los que definirían la base de las nuevas generaciones. No había final, no había horizonte marcado. El futuro del universo estaba escrito, pero nadie, ni los 6 dioses primigenios, podía saberlo con seguridad.
Esto podemos verlo en lo que llamamos en nuestros días la teoría de Darwin. Pero también podemos verlo en gestos mucho más comunes, como el de la enseñanza de una madre a un hijo. También podemos verlo en nuestra capacidad de soñar, de luchar por las injusticias que vemos o de simplemente crear algo que cambie o facilite nuestras vidas, como la lavadora o el móvil.
Finalmente, como haría cada criatura, decidió materializar algo en el universo con su imagen y semejanza. Decidió materializarse en un ser vivo, porque creía que era lo que iba más acorde con su esencia. Así que, si ves en algún lado algún ser con la aparente capacidad de volar, pero que aún no sabe muy bien cómo hacerlo, sabrás que estás viendo el vivo reflejo de Ori.
Tristemente, las distintas culturas apodaron a este dios la criatura de la Inocencia. Pues, a pesar de que respetaban los ideales de su dios creador, no podían soportar todas las injusticias que este sistema había generado en la práctica en el universo. estas lo veían como un dios que fue víctima de su propia naturaleza. Pero de eso hablaremos en otro capítulo...
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